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martes, 13 de diciembre de 2011

Batallas en la Germania

Rescato un texto que escribí y publiqué el 12 de junio de 2006. Y rescato también el comentario que hizo mi amigo Fiodor M. Blacksmith después de leer mis palabras. Root Doctor (otro de sus seudónimos) señaló, con su escritura siempre lacónica: "Divertido, muchísimo; neurótico, también; misógino, por supuesto; pero yo lo aplaudo de pie". Y con ese aplauso va de nuez mi reseña del partido disputado por los equipos de fútbol de México e Irán.

Ayer, once muchachos nacidos en Irán se enfrentaron deportivamente a once jovencitos casi todos nacidos en México. Durante noventa minutos, los veintidós mozalbetes disputaron con civilizado encono y sólo con sus pies la propiedad de una pelota, mueble que apenas tenido se buscaba introducir en el zaguán contrario (el nombre no es exacto, pero tampoco el que se acostumbra utilizar en el deporte de marras –portería- pues se trata en realidad y simplemente de un enorme bastidor que sostiene un curioso aparejo hecho con cuerdas trabadas en forma de malla; es, pues, un pescador de patos o palomas de bajo vuelo –que para eso serviría en tiempos de hambre-).

En eso consiste el retozo, y todos entendemos su simbolismo erótico y bélico: la cosa es vencer al enemigo e introducir el balón en su ermita (mi trigo en tu artesa, como dice Octavio Paz en Maithuna).

Los muchachos nacidos -casi todos- en México, tuvieron éxito en tres ocasiones. Los nietos del obstinado Jerjes, vencedor de los griegos en la Guerra de las Termópilas, apenas si lo hicieron una vez, cosa que los dejó cariacontecidos y sin ganas de celebrar la vida (pasa que en este tipo de deportes la cantidad de penetraciones define quién se queda con el triunfo y quién con la derrota, metáfora que no necesariamente coincide con la vida real).

De todo esto me enteré mucho después de que la reyerta terminara, porque muy temprano, mucho antes del mediodía, decidí esconderme de un pleito que no es mío y que no pienso adoptar. No tengo nada en contra de las guerras floridas, pero soy de los que después de cinco minutos descubre que nadie va a morir de verdad, y entonces empiezo a bostezar.

P.D. Una de las acusasiones que hace Fiodor (misógino) es gratuita y nada tiene que ver con este texto. Se la sacó de la manga.

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