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Cuando busco la verdad, pregunto por la belleza.

domingo, 17 de julio de 2011

Ve y devóralo otra vez, pero que ya se calle.

Desde que ganó un disco de platino, hace ya más de tres lustros, hemos padecido Ven, devórame otra vez. La hemos sufrido a todas horas, de noche y de día, en camiones y taxis, en los puestos de suadero, en los banquetes de bodas y en la indisciplina estética de ciertas borracheras, donde algunos amigos confiesan sus más oscuras perversiones.

Aunque fue Lalo Rodríguez quien la volvió éxito de ventas a fines de los ochenta, la canción fue escrita por un tal Palmer Hernández (antes de ofrecérsela a Rodríguez, el autor se la presentó al mismo Rubén Blades, quien sabiamente la rechazó).

De ritmo pegajoso y letra ripiosa, esta canción no me gusta.

Alguien podría decirme: ¡Pues no la escuches, y ya!

En ese caso, la respuesta sería mi eterno lamento: nadie cumple ni hace cumplir las disposiciones plasmadas en la Ley Ambiental del Distrito Federal, a pesar de la existencia de un organismo como la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal. Por eso, me veo obligado a soportar la música que esucha la mayoría de mis conciudadanos: al salir de casa, la ciudad me recibe con su pestilencia y sus horrendas canciones, piezas de salsa, cumbia y rock hechas sin el menor asomo de belleza.

Pero de mis derechos ambientales hablaremos en otra ocasión. Volvamos al abandonado que reclama por un poquito de antropofagia sexual.

En busca de la poesía, Palmer Hernández se encuentra con el paraíso del kitsch. Díganme si no.

Al hablarle a la mujer ausente, el protagonista de los versos afirma que su mente ha parido nostalgia.

He llenado tu tiempo vacío de aventuras más
y mi mente ha parido nostalgia por no verte ya.
Y haciendo el amor te he nombrado sin quererlo yo,
porque en todas busco lo salvaje de tu sexo, amor.

Ya tuvimos bastante con la mente que pare ideas (Sócrates) y con la era que pare un corazón (Silvio), imágenes, la griega y la cubana, igualmente estrafalarias. Que se salven ambas metáforas, por bien de la mayéutica y de la revolución; pero… ¿parir nostalgia?

Imagino al enamorado después del parto…

-¿Qué fue, doctor, qué fue?
-Nada, pura nostalgia.

¿No podría decir, simplemente, cómo extraño aquellos días, baby?

Seamos condescendientes: el protagonista no puede ni pensar, menos ser elegante en sus piropos y en sus ruegos.

Dejemos a un lado el temeroso y desafortunado uso del hipérbaton en el primer verso. Hagámonos de la vista gorda con el error en el adjetivo posesivo (tu en vez de mi). Olvidemos la falta de delicadeza del protagonista al referirse a su dudosa promiscuidad (dudosa, porque más suena a recurso barato y desesperado que a práctica real, y para demostrarlo basta pasar a la siguiente estrofa):

Hasta en sueños he creído tenerte, devorándome,
y he mojado mis sábanas blancas recordándote.

Entonces, ¿cuáles otras mujeres? ¡Desde que la ausente lo dejó, el tipo no hace más que practicar la ipsación, ejercer la quiroerastia! ¿O cómo se dice en Puerto Rico?

Insisto, puede decirlo de otra manera. Puede decirlo, incluso, conservando su legítimo gusto por el exhibicionismo verbal:

Cómo extraño aquellos días, baby.
Me siento muy solito, tanto que me acuerdo de ti
y en mis locas fantasías imagino que estás conmigo
y me da por tocarme el bicho.

Que se entienda. Nada tengo contra los compositores y los músicos boricuas. Al contrario, respeto y admiro el trabajo de Ray Barreto y Eddie Palmieri (que nacieron y se criaron en Nueva York), y adoro La Copa Rota de Benito de Jesús, por ejemplo, que José Feliciano convirtió en obra maestra (gigante nacido en Puerto Rico, José Feliciano fue criado desde los cinco años en Nueva York).

Mi problema es con una canción, no con un Estado Libre Asociado que llama presidente a Obama (ese problema es suyo y de nadie más). En cuanto a Cheyene y Ricky Martin, confieso que me dan inmensa flojera. Afortunadamente, lo que hacen es tan anodino, tan poca cosa, que sólo me doy cuenta que existe cuando caigo por error en ciertos canales de televisión.

La canción de Palmer, en cambio, puede no gustarme, pero admito que hay en ella honestidad creativa, sinceridad y deseo de hacer música. Será, para mí, muy fea; pero reconozco su valor como fenómeno de la cultura popular.

Por eso tengo problemas con ella.

¡Libertad poética, cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Palmer se siente muy de vanguardia y decide adelantarse a Luis Eduardo Aute (Dentro y Sin tu latido, que plasman la imagen de la masturbación, pertenecen a discos de 1983 y 1984, respectivamente). Pero...

A diferencia de Aute, quien logra dos hermosas canciones de amor, el puertoriqueño pare una cosa horrenda, tan verde y viscosa como la nostalgia de su protagonista. Leámoslo con detenimiento.

He mojado mis sábanas blancas recordándote.

¡Por favor! Ahora sí, como diría Juan Gabriel, ¿pero qué necesidad…?

A los compositores les ha dado por ponerse muy claridosos. Alguien les dijo que la honestidad es lo de hoy. Pero la iluminación de nuestros secretos requiere de cierta destreza, de cierta maestría, virtudes que encontramos en Aute pero no en Palmégines (éste es el nombre de pila de Palmer Hernández).

Y la peor parte es el centro de la canción:

En mi cama nadie es como tú, no he podido encontrar
la mujer que dibuje mi cuerpo en cada rincón
sin que sobre un pedazo de piel, ay ven,
devórame otra vez, ven devórame otra vez…

Mujer ausente, por favor, regresa con él, devóralo. Tal vez así yo me libre de escucharlo. Mientras, me escondo de mi ciudad y disfruto de West End Blues, grabada por Louis Amstrong y su Hot Five en 1928.

El 6 de febrero de 2007, Gerardo Aguilar Tagle comentó: Para no confundirlo con el gran jefe Cheyenne Tahmelapashme ("estrella del mañana" en lengua sioux), conocido como "Dull Knife" (Cuchillo desafilado), te recomiendo escribir "ChAyanne", cuando te refieras al "voz de chisguete" que "canta" "canciones" de "amor". ¿Recuerdas, a propósito, aquel western de televisión protagonizado por Clint Walker, vaquero muy macho por cuyas venas corría sangre Cheyenne?

Agustín respondió: Tienes razón, gemelo precioso. Bueno, entonces aprovecho para hablar bien de Chayanne, quien es el vocero hispano para la Fundación Startlight, cuyo objetivo es el de cumplir deseos a niños terminales. Todos somos niños terminales, aunque lo cierto es que muchos terminamos muy tarde. Lo que quiere decir Fundación Startlight es que busca cumplir deseos de niños desahuciados por la medicina actual. Si yo fuera un niño desahuciado por la medicina actual, ya sé que le pediría a Chayanne: un patito de hule, amarillito, amarillito, que al apretarlo haga ¡pi! Y cuando Chayanne se acercara a mi silla de ruedas para entregarme el regalo y darme un beso en la mejilla, se lo encajaría en la boca, profundo, profundo, hasta ahogarlo. Al otro día, los periódicos informarían sobre la misteriosa muerte de Chayanne, cuyas últimas palabras fueron ¡Pi, pi, pi!

Días más tarde, un anónimo envió una serie de comentarios. Se hace aquí un resumen de lo escrito por el Comentarista Enojado:

¡Eres un pobre idiota! Tus palabrerías baratas demuestran ansiedad y envidia. Tu envidia es tan evidente que no hay manera de que puedas disimularla. ¡Te corroe! Jamás podrías construir un éxito tan eminente como Devórame otra vez. Tu comentario es ridículo y de mal gusto. Eres muy mediocre y tu envidia es repugnante. ¡Ubícate! Ni siquiera sabes en realidad quién es Palmer Hernández, así que cállate. Es muy temprano para leer algo tan apestoso. ¡Qué estúpido eres! Me da náusea cada vez que tengo que presenciar la triste y terrible realidad de confirmar que este mundo está tan lleno de ratas como tú. Eres repugnante y sucio. Tu peste inunda hasta el más bello de los ambientes. Es imposible ocultar la podredumbre que hay en tu cerebro. Tu vida es un desperdicio.

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