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domingo, 15 de mayo de 2011

Friday Night Fever en 2006

Texto escrito el viernes 13 de enero de 2006

Es viernes y falta poco para representar mi Friday Night Fever. No soy John Travolta, pero mi cuerpo ya comienza a demandar acción. En vez de los Bee Gees (confieso que sí me gustan), tengo puesta una obra maestra de Bob Dylan: When I paint my masterpiece, interpretada por The Band, y me miro al espejo repitiendo algunos versos: Got to hurry on back to my hotel room (…), she promised that she’d be right there with me when I paint my masterpiece.

Gerardo, mi gemelo precioso, me prepara el desayuno: huevos revueltos, jugo de tomate y un plato de papaya dulce. Me baño, me pongo un poco de Colonia Sanborns... y salgo, a ver si me encuentro con Ignacio Espósito.

Nacho, baterista de Vieja Estación y socio mío en negocios pegajosos con mujeres de Alemania, toma el Metro casi a la misma hora que yo, así que más de una vez nos hemos encontrado. Para coincidir, sin embargo, necesitamos estar ambos a las 9:20 de la mañana en la estación Patriotismo: compramos nuestro boleto y nos vamos hacia Tacubaya, donde transbordamos a la Línea 7. Entonces, al llegar a la estación Auditorio, nos despedimos, pues ahí baja el bonaerense. Yo me sigo hasta la siguiente estación (Polanco).

Me gusta encontrarme con Nacho, porque nos da tiempo de una sabrosa plática de diez minutos, a la vez que me permite olvidar a los piratas de discos, cuya nueva estrategia de venta consiste en subirse a los vagones y poner a todo volumen mierda tras mierda (no sé qué pasa en otras partes del mundo, futuros historiadores, pero en el México de 2006 la gente –de todos los estratos sociales- escucha mierda).

Esta mañana no coincidí con mi querido Nacho, así que traté de encerrarme en la lectura de La Jornada, mientras el vagón era inundado por No te metas con mi cucu. De pronto, al llegar a la página 5a de La Jornada de Enmedio, me encontré con una nota de Reuters acerca de la difusión por internet de un catálogo sonoro de Mozart.

La música del salzburguese es uno de mis pendientes en la vida, junto con Marcel Proust. En el caso del francés, nunca he pasado más allá de Por el camino de Swann, y cuando quiero seguir y leer las primera páginas de A la sombra de las muchachas en flor, meses más tarde, ya he olvidado entonces lo que leí y tengo que comenzar de nuevo con los días de Combray: Mucho tiempo he estado acostándome temprano.

A Mozart tengo que acercarme con más empeño antes de llegar a los setenta, porque después de esa edad pienso dedicarme al sexo desenfrenado con (casi) todo lo que se me ponga enfrente (hoy, todavía soy demasiado selectivo). Aunque, ahora que lo pienso, tal vez Mozart sirva incluso en mi tercera edad, a manera de música ambiental, si es que encuentro a alguien que quiera pintarse la cara y usar peluca: siempre he deseado hacer las cosas como las hacen Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer y Umma Truman en Dangerous Liasions, de Stephen Frears (el mismo de la bellísima Liam), basada en la novela de Choderlos de Laclos (1741-1803).

Acaba de salir, a propósito, una nueva versión de Relaciones Peligrosas, esta vez dirigida por el ruso Michael Lucas, pero la verdad no se me antoja. En cambio, habría que buscar el Valmont de Milos Forman, entre cuyas películas están Atrapados sin salida (One flew over the cuckoos’s nest), Hair, Larry Flynt y, claro, Amadeus, basada en la vida de… ¿De quién estaba hablando? ¡Claro! Quería recomendar la visita a la página de la Biblioteca Británica, donde acaban de subir un diario musical de Mozart.

Entro a la página de la Biblioteca Británica (www.bl.uk) y me encuentro con una serie de maravillas: bosquejos de Leonardo da Vinci, partituras de Mozart, el manuscrito original de Alicia en el País de las Maravillas (ilustrado por el mismo Reverendo Dodgson), el primer Atlas de Europa…

The British Library, la biblioteca nacional del Reino Unido, es una de las más grandes del mundo (libros, artículos, manuscritos, mapas, periódicos, dibujos, todo). Su archivo de sonido almacena desde cilindros del siglo XIX hasta el más reciente CD (habrá que enviar, para beneficio de lejanas generaciones, los discos de Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón, así como el registro en CDs del proyecto Mamá-Z, laboratorio de teatro experimental y taller de autoayuda, y las tintas de Gerardo Aguilar Tagle, mi gemelo precioso; de hecho, en el paquete podría enviarse también el casete Querétaro After Hours, donde quedó registrado el Primer Simposio de Psicoanalistas Marihuanos, con representantes de México y Argentina.

Pero ahora sigo escuchando When I paint my masterpiece. Ya nada me importa, quiero que llegue la noche. Espero que esta vez Las Señoritas de Aviñón incluyan Hard Times, Round Midnight, Moondance y So what, y que Vieja Estación repita Let it bleed.

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