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viernes, 14 de octubre de 2011

La Dalia Negra en Ruta 61

Texto escrito a principios de 2005


El pasado jueves 29 de diciembre, me encontré con Lalo Serrano, que anda en moto y se siente Peter Fonda. Me preguntó que qué iba a hacer esa noche, que por qué no me daba una vuelta por Ruta 61…

-¡Así escuchas algo nuevo, vas a ver!

Es muy difícil despreciar una invitación de Lalo Easy Rider Serrano, así que fui.


Escéptico, llegué a Ruta 61 y me encontré con La Dalia Negra, una banda de jovencísimos músicos, vestidos de negro y dispuestos a entretener a una audiencia compuesta en su mayoría por gente igualmente joven e igualmente pronta a la diversión y el gozo.

Daniel Osornio Reséndiz, joven de sonrisa noble, agradeció la presencia de los amigos y anunció la primera pieza: Red House, de Jimi Hendrix, que fue interpretada con decoro y que, lo confieso, me puso de buenas. Luego, vino Elmore James y algunas otras cosas interesantes, bien ejecutadas.

Hubo, sin embargo, en esa primera parte de la tocada, ligeros tropiezos estéticos: puedo aceptar Habrá tiempo, de Armando Rosas (Camerata Rupestre siempre se distinguió por hacer música buena y componer con gracia), pero… ¿qué caso tiene resucitar cosas tan feas como las de Gerardo Enciso? De cualquier manera, Joel Olvera (batería), Víctor Ortiz (bajo), Juan Sánchez (segunda guitarra) y el mismo Daniel demostraron una sorprendente capacidad de hacer música en vivo (lo que no es fácil: me ha tocado escuchar conjuntos –conjuntos, no bandas, conjuntos, mi querido sastre- que se suben a deshilachar la música con la más patética de las voluntades).

Pero lo mejor vino en la segunda parte, cuando La Dalia Negra creció en instrumentos: al escenario, se subieron José Luis Chavarría (piano), Eduardo Aguilar (saxofón) e Isaac Delgado (trompeta).

Entonces, sucedió mucho blues, mucho soul, algo de funk… y una simpática versión de Summertime que le sacó sonrisas incluso a Santiago Espósito y a Mauro Bonamico, miembros de Vieja Estación, que no son precisamente de gustos fáciles.

Quedamos, pues, muy contentos, agradeciendo a La Dalia Negra sus ganas de hacer música, de no sacrificarla por ideas equivocadas del espectáculo. Es seguro que esta banda nos va a dar momentos muy agradables conforme pase el tiempo. El chiste es que sigan trabajando... y escuchando a los grandes, que lo hagan con hambre, con ansia, que no caigan en la mediocridad del blues chido, es decir, en justificar lo
injustificable con la bandera de esto es cosa de sentimiento, carnal.

No, esto no es sólo cosa de sentimiento, es cosa de trabajo y de régimen alimenticio. Y por lo poco que pude platicar con Daniel, estoy seguro de que La Dalia Negra lleva una muy buena dieta.


N. de la R. A seis años y medio de haber escrito esto, puedo afirmar que Daniel y su banda (cuyos miembros van y vienen) se han convertido en una de las mejores alternativas de placer musical en esta ciudad amada. Hoy, viernes 14 de octubre de 2011, La Dalia Negra toca en Ruta 61.

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