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sábado, 20 de agosto de 2011

Curioso elemento el tiempo


Con el verso de Jarabe de Palo a manera de epígrafe, me escribió Gerardo algunos de sus recuerdos. Y acompañó su carta con un caset que aún conservo. La carta pertenece a principios del nuevo siglo, y dice:

Colocábamos nuestro tocadiscos azul en el piso alfombrado, con las bocinas puestas diagonalmente hacia la grabadora y reproductora de casetes (los sofisticados reproductores de discos con casetera integrada no estaban a nuestro alcance).

Aunque pedíamos de la manera más atenta a nuestra familia que procurara no interrumpir nuestra grabación, muchas de nuestras producciones terminaron con un lejano ladrido de Gilda (una perrita maltés), con las campanadas de San José de la Montaña o con la voz de nuestro padre, quien preguntaba a voz en cuello: ¿Alguien ha visto el portaminas que dejé junto al estado de cuenta del banco? ¿Alguien ha visto el estado de cuenta del banco que dejé junto a mi portaminas? De manera que lográbamos una gran fidelidad en nuestras grabaciones: se escuchaba todo, incluso la música.

Limpiábamos meticulosamente la aguja del tornamesa Garrard, seleccionábamos la canción y... ¡Shhhh, estamos grabando! La grabadora que usábamos ya tenía micrófono integrado (pero también tuvimos con microfonito externo, que en ocasiones metíamos a la guitarra valenciana, y dale duro al rocanrol: ¡Es el sol de los chilangos...!, decía una de tus canciones, Sol de Mantequilla, ¿te acuerdas?).

La separación de los Beatles nos agarró a los 14 años de edad, apenas despertando; pero ya para entonces habíamos comenzado la colección. A ella se sumaron otras colecciones: los Stones, Led Zeppelin, Jethro Tull, Zappa, los Kinks...

Pero eso fue en el pasado siglo, y ahora el destino nos alcanzó. No estamos comiendo galletas verdes, pero sí podemos reproducir copias fieles de discos compatos, así que aquí te mando tres muestras: All things must pass, de George Harrison (siempre envidiamos el álbum triple -es decir, el original- que nos presumió Roberto Vallarino en su dormitorio psicodélico iluminado con luz negra); In my life, de George Martin (escucha a Goldie Hawn, por favor) y La Gusana Ciega, grupo chilango que Jerry colecciona apasionadamente. Te pido que escuches a La Gusana sin prejuicios, que su envidiable juventud no te haga sordo, que su impecable producción te permita recordar... que alguna vez tuvimos menos de 30 años. Disfrútalo, es una selección de cuatro discos. Tiene buenas, regulares y malas.


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